El espejo, el vestido y el paradigma digital

Con prisa e impaciente, allí estaba yo, de pie frente al espejo tratando de hacer un nudo atractivo con el cinturón de tela de un vestido cruzado que había elegido para hoy.

Hice un nudo, di un paso atrás, me miré en el espejo, fruncí el ceño, desaté el nudo y lo volví a hacer.

Tenía que estar saliendo ya; no tenía mucho tiempo antes del comienzo de una reunión con un grupo de clientes.

«Este», murmuré para mi, «es peor que el primero». Dejé escapar un suspiro y fue entonces cuando sucedió algo inesperado.

Tuve el impulso inmediato de ir al menú y seleccionar y hacer clic en Deshacer, de volver al nudo anterior con un simple y rápido clic del ratón. 

El impulso no solo fue mental, también fue, sin lugar a dudas, físico.

Cuando me di cuenta de lo que había sucedido, cómo mi mente había organizado hábilmente la realidad como si se tratara de un documento digital de Word, me sentí desorientada. Durante unos segundos, me quedé allí, confundida, con lo que debe haber sido una curiosa expresión en la cara.

Mirándome en el espejo, el cinturón torpemente atado y sostenido entre mis dedos, pensé: «Vaya, qué interesante. ¿Qué es lo que acaba de pasar aquí? No puedo volver atrás. Soy un ser vivo, físico, ¡no un documento digital! No puedo volver a cómo eran las cosas antes, con un fácil gesto de edición, no en la vida real».

Me reí de mí misma en un intento de sacudirme la más profunda sensación de desorientación y fue entonces cuando caí en la cuenta de algo mucho más amplio. Una idea simple pero contundente: tenemos que seguir adelante, siempre. Es nuestra única ruta estratégica viable como seres humanos.

No podemos rebobinar, no podemos deshacer, no podemos eliminar, no podemos cortar y pegar.

En nuestras vidas, nuestros proyectos, empresas y sistemas económicos, cometemos errores, tomamos malas decisiones, sufrimos el efecto de fuerzas externas y nos orientamos con un mapa estratégico equivocado o incluso sin mapa.

Son procesos de la vida.

Y la vida es un proceso continuo de aprendizaje y creación, única para cada persona. No está mecánica o digitalmente organizada, es orgánica. Es importante recordar esta distinción que nos puede ayudar a no aplicar un paradigma digital a los acontecimientos de nuestras vidas —a nuestros proyectos, nuestros negocios o incluso a nuestra economía.

No debemos tratar la vida como si funcionara como un archivo digital, como si pudiéramos reorganizarla rápidamente, eliminar una parte específica o copiar una historia de otro y pegarla en la nuestra. Dejarse seducir por la capacidad de reordenar o deshacer el presente puede ser una actividad fructífera para organizar datos en un ordenador, pero no va a producir los mismos resultados con nuestros proyectos humanos o con nuestros modelos sociales y económicos.

Debemos seguir adelante con nuevas palabras, ideas, preguntas, análisis, inspiración y estrategias, con nuevos mapas y nuevas creaciones.

Nuestro mundo y nuestro orden económico están cambiando. No hay vuelta atrás, no podemos volver a los tiempos que ya hemos vivido. No hay vuelta a un modelo de trabajo o a una economía que hemos tenido en el pasado.

Sin embargo, de las garras de la nostalgia, la incertidumbre o el miedo, podemos llegar a lograr la fuerza y la lucidez haciendo las preguntas correctas, nutriendo una actitud de curiosidad, analizando el presente con valentía y dirigiendo la mirada hacia el futuro.

Son momentos de hacer mapas nuevos, de resistir la tentación de simplemente eliminar o copiar y pegar el pasado.

Desata con cuidado el viejo nudo y haz uno nuevo que sea más creativo, más hermoso y más fuerte que el anterior.

Es la única estrategia que realmente conduce al progreso y al cambio en nuestra muy humana vida.

Y sí, llegué tarde a mi reunión. Pero valió la pena. Mi vestido se ceñía a mi cuerpo con el nudo más soberbio de la ciudad.