Dicha en un momento de misterio: Galletas de la fortuna para un 2012 estratégico

Es el comienzo de un año nuevo, un momento simbólico para muchas personas.

En Occidente, esta es una rara ocasión en la que nuestra sociedad, tan exigente en realidad, apenas prescribe nada. Cuando los medios de comunicación, la publicidad y la mitología cultural no nos dicen qué sentir, desear o hacer.

Según el lugar donde vivimos, cuando el reloj marca la medianoche, hay diferentes costumbres y comportamientos que podemos seguir, pero el significado más profundo de este momento lo ha de definir o adoptar cada persona para sí.

En mi región adoptada de Cataluña, poblada por grandes torres de reloj en cada pueblo y ciudad, comemos una uva por cada campanada de la medianoche. Apresuradamente metiendo una uva por segundo en nuestra boca abierta bajo nuestros sonrientes ojos, nos preguntamos en secreto, cada año, si nos atragantaremos al llegar a la duodécima uva —lo que transformaría ese ritual en una despedida del mundo en lugar de una entrada en el año nuevo. Al final, no nos atragantamos, nunca lo hacemos, aunque el riesgo es emocionante y palpable.

Así que entramos en el año nuevo, solos o en compañía de otras personas, masticando, tragando y llenos de deseo. Un periodo marcado por el calendario cíclico de 12 meses que estructura el tiempo para la mayoría de las personas del planeta.

Lo que hace que este momento de nuestro calendario sea especial o incluso mágico es el simbolismo y el ritual que le infundimos.

La especie humana es una tribu de fabricantes de rituales. Desde la antigüedad a los tiempos modernos, la gente ha creado rituales; podría muy bien ser parte de nuestra controvertida esencia natural. Tanto si se puede demostrar científicamente, como si el gen del ritual se llega a encontrar y nombrar, dentro de cada uno de nosotros hay una comprensión innata y un respeto por el misterio y el poder del ritual. Lo deseamos. Lo necesitamos para expresar aspectos más profundos de nuestro ser y para honrar nuestra vulnerabilidad y elusiva conexión con el universo, no importa cuán racionales sean nuestra vida cotidiana y nuestros discursos.

Hay una parte de nuestra vida que simplemente no se puede explicar, no se puede clasificar y no se puede predecir. Sentimos la necesidad de abandonar las fronteras de lo racional, aunque solo sea por unos breves momentos misteriosos, para volver luego a la comodidad de la lógica, tal vez con un mensaje nuevo o una visión renovada.

Es la belleza de este misterio la que en los momentos más difíciles, en los momentos más confusos y dolorosos de nuestras vidas, puede ser el elemento que nos permita seguir adelante, que nos ayude a sanar y que nos enseñe a aprovechar nuestro pozo de comprensión humana. Nos ayuda a convertir lo desconocido en esperanza; susurra a nuestra alma que no se quedará en este difícil momento para siempre. Transforma la confusión en curiosidad.

El ritual es una manera de honrar el misterio de la vida que fluye a nuestro alrededor, con nosotros y por nosotros. Es así de simple e inexplicable.

Entonces, para una estratega, una chica racional que lo analiza todo en términos de causa y efecto como yo, hablar así a un grupo de personas que acuden a mí buscando consejo e inspiración para desarrollar sus proyectos podría ser arriesgado o incluso tremendamente imprudente.

O bien, podría ser simplemente una parte de los giros y sorpresas de nuestras historias complejas e individuales, de mi propia historia. Ninguno de nosotros somos una sola cosa, ni tenemos una sola característica, ni una sola manera de ver, hablar o actuar.

Todos somos poemas andantes.

Todos somos en parte un misterio.

Esta parte de nosotros a veces se aferra a los rituales y oráculos, a la sabiduría del azar para guiarnos, para deleitar nuestros sentidos, para estimular nuestro pensamiento. Para despertar nuestra propia comprensión de lo que debemos hacer, de cómo resolver un problema o marcar un camino o inspirar a una nueva forma de ver.

La Estrategia Blog ha elegido como ritual para entrar en el nuevo año de 2012 unas galletas de la fortuna, un ritual que se originó en Japón en el siglo xix.

Hemos preparado una nueva hornada de estas galletas con mensajes cuidadosamente elaborados en cada una de ellas; y uno de esos mensajes es solo para ti.

Dentro de una de las cuatro galletas que encontrarás a continuación, descubrirás una idea que, si se entiende y se aprovecha con sabiduría, te guiará este año en el desarrollo estratégico y fructífero de tus proyectos.

Lo que tienes que hacer es lo siguiente:

Tómate un momento para mirar los cuatro números y, cuando estés listo, elige uno, haz clic en el número (no en la galleta) para abrir y leer su mensaje.

Después de leer tu suerte, si sientes curiosidad y quieres abrir otra galleta, adelante —en todas ellas hay sabiduría estratégica. Pero recuerda: la primera que abras lleva el mensaje que estaba destinado especialmente para ti.

(Feliz 2012, queridas y queridos lectores, vuestra presencia hace que estas palabras cobren vida. Por eso, os doy las gracias.)

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