Cuando tu talento está en llamas, encontrar el lenguaje perfecto es tu estrategia más refrescante

Fuera, Barcelona estaba ardiendo.

Dentro, los camareros con chaquetas blancas se afanaban a mi alrededor. Y eso era exactamente lo que quería: aire acondicionado, un sitio para mí durante el tiempo que lo necesitara, unos profesionales atendiéndome, un menú mediterráneo y un vaso de agua mineral con hielo y limón.

Un paraíso temporal.

En una ciudad en llamas.

Fuera, hacía mucho calor; era un día de julio en Barcelona con un sol abrasador.

A los habitantes de esta ciudad nos ocurre una cosa muy curiosa cada verano —sufrimos una amnesia colectiva. Nos olvidamos de cómo es el verano —de cómo es siempre. Y para expresar este curioso trastorno celebramos una especie de ritual verbal y emocional. No nos ponemos de acuerdo ni nada de eso, pero todos a la vez nos sentimos de golpe abrumados por el calor. Nos parece increíble y las bocanadas de aire caliente nos encienden la piel, nos llegan al alma y nos marchitan el ánimo, como si nunca antes hubiéramos sentido algo parecido.

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